La Charquita

Mi nombre es Helena Montenegro, soy periodista pero necesitaría veinte párrafos para una carta de presentación, así que hice un blog.

“Es una epidemia, el mal de nuestro tiempo”

Los milennials y la generación Z son los más castigados por la soledad no deseada en España, por encima de los más mayores

En el año 2023 terminé la carrera de Periodismo. Cuando se me plateó el proyecto de TFG tenía claro que deseaba terminar aquella etapa haciendo lo que más me gusta: escribir. Por eso, comencé el proceso de buscar el tema en el que quería enfocarme leyendo, escuchando y, en definitiva, observando. Finalmente y casi por casualidad, descubrí algo de lo que casi no había oído hablar: la soledad no deseada.

Lo tenéis disponible aquí abajo, en formato PDF y con el diseño con el que lo entregué. Espero que lo disfrutéis.

Enrique ya tenía el EPI -Equipo de Protección Individual- puesto cuando quedarse en casa se convirtió en norma impuesta. Llevaba pocos meses trabajando en un hospital como auxiliar de enfermería en las estaciones de extracción y donación de
sangre. Antes de sacarse el título, su jornada laboral la pasaba muy alejado de camillas y pacientes, entre frutas. Aquellas primeras tareas en el hospital
las dejó de lado en seguida. Su jefe buscaba personal para cubrir la única planta covid habilitada en ese momento y aprovechó lo que consideraba una oportunidad. “Pensé que iban a ser quince días y después iba a volver a mi vida normal”, cuenta este sanitario de 23 años.
Aquellos primeros días, Kike —así es como prefiere que le llamen— no supo reaccionar a lo que se le estaba viniendo encima. Recuerda con extrañeza la incertidumbre propia de un recién incorporado expuesto a una circunstancia sin protocolo específico. Los pacientes contagiados tampoco estaban preparados para convivir con la enfermedad en aislamiento: “Mucha gente venía llorando porque necesitaban ver a su familia, hablar por teléfono. Se sentían solos”.
Cuando las preguntas requieren de cierto ejercicio memorístico, Kike se piensa la respuesta detenidamente. De esta manera, reconstruye su rutina sin esfuerzo: Se levantaba por la mañana, sacaba al perro, hacía la compra los días que era necesario, comía e iba al hospital. A grandes rasgos, recuerda el auxiliar, su vida era “estar encerrado en la habitación e ir a trabajar”. Cuando volvía a casa sacaba de nuevo al perro, se hacía la cena y se iba a la cama. Era una especie de bucle constante en el que en ocasiones no había ni tiempo para dormir más de tres o cuatro horas.
El chispazo inicial
Todo lo que vino después del 15 de marzo del año 2020 fue un desencadenante clave a la hora de remover problemas latentes que aún no tenían voz. Cruz Roja Cataluña obtuvo como resultado de su Primer informe sobre soledad no deseada que una de cada cuatro personas experimentó un incremento en el sentimiento de soledad no deseada durante la pandemia. “De alguna manera incrementó esta sensación de soledad y empezamos a darle la importancia que tenía”, argumenta Guillermo Fouce, psicólogo en el Centro Municipal de Salud de Getafe. Allí, además de abordar otros problemas relacionados con la salud mental, trabaja la soledad no deseada. El confinamiento llevó a que mucha gente reconociese que necesitaba ayuda y mostró “las costuras de nuestra sociedad” en respuesta a los problemas de aislamiento de los más mayores.

Los datos oficiales muestran, sin embargo, otra realidad asentada en la población joven española.
Junto a los mayores, se alzan con los datos más altos registrados por entidades como el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada —SoledadES—.
La organización, una iniciativa de la Fundación ONCE, llevó a cabo el Estudio sobre la percepción de la soledad no deseada, cuyas encuestas dieron por resultado que la generación Z y milennials son “significativamente los que más han sentido la soledad no deseada”. En cifras, se traduce en un 16,5% de la población encuestada entre los 16 y los 39 años. Estos grupos de edad también son los que más personas conocen que puedan sentirse solas —17,2%—.

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